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   Bienvenido a la página Web de Esteban Trillo Domínguez. Licenciado en Bellas Artes. 

Aquí voy a realizar un estudio sobre el arte islámico.

 AliKant, en Sevilla a 16 de abril de 2005.

 ARTE Y CULTURA.

 ARTE MUSULMÁN EN ESPAÑA (ANDALUCÍA  SIGLOS  VIII AL XV).

CONSIDERACIONES  GENERALES

    El nombre asignado al último arte del viejo mundo revela por sí mismo que la religión fue el factor esencial de su nacimiento, sin que ello quiera decir que el arte musulmán  sea  el único cuyo alumbramiento y desarrollo haya sido determinado por un credo religioso, ya que casi todos tienen el mismo origen. Cuando se habla del arte griego o del  búdico inmediatamente surge la idea de un templo o de una  estatua divina. De todas formas, el  Islam constituye, con  mayor eficiencia, la causa inicial permanente de la creación artística musulmana, siendo imposible comprender la disposición de los  monumentos árabes, e incluso la participación del arte musulmán en la vida privada, sin evocar los principios del dogma y las prescripciones del culto, tal como  Mahoma las fijó.

.   El dogma se basa fundamentalmente en la unidad de Alá, Dios todopoderoso y eterno, Espíritu puro, Creador y Dueño del universo, y proclama la misión providencial de sus Enviados-de los cuales, el penúltimo fue Jesús, hijo de María, y el último, Mahoma, el Profeta de los árabes-así como la veracidad de los libros revelados, siendo el Corán el último y el único indispensable para los creyentes.

    La unidad de Alá, su espiritualidad absoluta y omnipotencia creadora, motiva la condenación de las imágenes y la prohibición de representar seres vivos, como barrera frente al paganismo, la lucha contra el cristianismo, el temor de incurrir en la osadía de competir con la obra del Creador, apartó a los artistas de la imitación de la naturaleza. La religión, junto con otros factores que actuaron en el mismo sentido, explica la escasez de figuras humanas, de animales, sobre todo, y la carencia casi total de la verdadera estatuaria.

    La importancia concedida al texto del Corán y a las fórmulas piadosas que de él se deducen, justifican el curioso empleo de la escritura en la decoración. Ningún arte utilizó hasta entonces con tanta profusión y éxito las inscripciones como ornamento de los edificios y objetos más variados.

    Entre las prescripciones del culto islámico, dos nos interesan especialmente: la plegaria y las peregrinaciones.

    La oración es un acto de sumisión absoluta del creyente ante su Dios cinco veces al día, a horas fijas y después de haberse purificado con abluciones, el fiel recita las fórmulas que acompaña con actitudes y ademanes rigurosamente establecidos. La plegaria puede ser recitada aisladamente en cualquier lugar, siempre que el suelo en que se postre esté limpio de mancha y se tenga cuidado de volverse en dirección a la Meca. Sin embargo, se aconseja orar en común y especialmente los viernes al mediodía. Esta oración colectiva, que adquiere carácter de un oficio solemne, va acompañada de exhortaciones piadosas dirigidas a los fieles y de súplicas a favor del jefe del estado musulmán. De este modo se practica la oración en todos los países de Islam, y así fue instituida por Mahoma hace más de trece siglos.

    Cuando en el año 622, el profeta iniciando su hégira, abandonó la Meca, su ciudad natal, y huyó a Medina, en esta ciudad instaló su hogar que debía ser al mismo tiempo el punto de reunión para sus compañeros de exilio y futuros adeptos. El elemento esencial de la casa del Profeta , en Medina, lo constituía un gran patio, donde los musulmanes iban a orar bajo su dirección. Para protegerles de los ardores solares durante las horas calurosas diurnas, hizo edificar un abrigo a todo lo largo del muro Norte del patio, simple techo construido con ramas y tierra apisonada, sostenido por troncos de palmeras alineados paralelamente al muro. En este patio, los musulmanes formaban en hileras codo con codo; el propio Mahoma humillaba la frente, y todos, mirando hacia el Norte, como su jefe, reproducían sus actitudes y repetían sus invocaciones. Pero, después, Mahoma se vió inducido a dirigir la plegaría en otra dirección, y ya no volvió a orientarse hacia el Norte, en dirección a Jerusalém, sino hacia el Sur, hacia la Meca. Otro abrigo semejante al ya mencionado se construyó a lo largo del muro Sur del recinto, cuyo centro continuó ofreciendo un gran espacio abierto.

    La mezquita, al contrario que la iglesia cristiana, no posee altar ni santuario reservado a clero alguno; no ha sido consagrada por ninguna ceremonia, y sólo es un asilo de oración abierto a los musulmanes, que tienen entrada libre por todas sus dependencias. Corrientemente dispone de un patio bastante grande (cahon), por cuyo lado orientado hacia la Meca- orientación que naturalmente varía según la situación geográfica-corre un espacio cubierto, sala mucho más ancha que profunda -  dispuesto para la oración colectiva. El patio es lugar de plegaria lo mismo que la sala construida para comodidad de los fieles. Al principio, nada caracterizó al muro del fondo ni le designó como dirección ritual de la plegaria. Pero pronto, esta orientación (kibla) se indicó mediante un mojón, gruesa piedra colocada cerca del muro. La invención del mihrab, en forma de nicho para destacar la kibla, tuvo lugar mucho más tarde.

    No obstante, la mezquita de Medina, parte o dependencia de la casa del Profeta, era al mismo tiempo que un cobijo para el nuevo culto, la residencia habitual del jefe de un nuevo estado. El caudillo reunía allí a sus fieles, les exponía su doctrina, les exhortaba a la acción común y allí recibía en caso necesario a los enviados de las tribus árabes que llegaban para conferenciar con él. La Mezquita adquirió , pues, un carácter social y político. Para que se le pudiera escuchar mejor e incrementar su prestigio el Profeta adoptó el uso de un trono (minhar), asiento de madera precedido de algunas gradas que fue erigido cerca del muro del fondo.

    El rito de la peregrinación , otra prescripción fundamental del culto afectó, igualmente, como ya dijimos, al desarrollo del arte musulmán, contribuyendo también de paso a mantener la unidad islámica. La imposición de visitar la Kaaba, santuario de la Meca, y, de ser posible, Medina y la tumba del profeta, fomentó entre los musulmanes procedentes de Marruecos lo mismo que de las islas de Sonda, contactos e intercambios que resultaron provechosos para sus respectivos países originarios. La peregrinación, los viajes de estudios y las relaciones comerciales que se determinaron y estipularon, sirvieron para propagar los modelos y reforzar los lazos espirituales, que influyeron sobre las obras, hasta lograr la persistencia familiar que el arte islámico debe a sus orígenes y al espíritu religioso que lo inspiró.

    Esta unidad, esta indiscutible personalidad que distingue el arte del Islam de los del Viejo Mundo, se compagina con una variedad que le imprimió el tiempo y el espacio; es decir, por un lado, las vicisitudes sufridas por los estados musulmanes durante los trece siglos de su existencia y, por otro, su difusión por países que se extienden desde el Pacífico al Atlántico, a través de Asia, África y Europa.

    Un estudio, aún sumario, de su desarrollo, debe apoyarse, para no resultar incomprensible, en la historia general, que nos permite establecer cuatro grandes períodos.

    El primero, de dos siglos y medio, abarca desde mediados del siglo VII hasta finales del IX. Tras la prodigiosa y rapidísima expansión del poderío musulmán, la conquista de Mesopotamia y del Irán, de Siria y Egipto, de Berbería y de España, este inmenso imperio, constituido por la herencia íntegra de todo el Imperio sasánida y por la mayor parte del bizantino, permaneció unificado, al menos teóricamente, bajo la autoridad espiritual y temporal de un califa. Los cuatro primeros sucesores del Profeta fueron elegidos por los creyentes, y el Califato permaneció en Medina. Después, el poder supremo se convierte en hereditario y sale de Arabia para establecerse con la dinastía de los Omeyas en Siria, erigiéndose Damasco en la sede del Califato desde el año 658 al 750. Más tarde, la dinastía de los Abasidas desplaza a Mesopotamia el centro del mundo musulmán, y su capital, Bagdad, conoce por entonces su época de máximo esplendor.

    Pero los síntomas de división surgen ya en los últimos años del siglo IX, y en el imperio demasiado vasto, aparecen las primeras grietas. Se discute la autoridad espiritual y temporal de los califas orientales. Los tres siglos comprendidos entre los años 900 a 1200, ven vacilar el poder de los señores de Bagdad y reducirse grandemente sus dominios iránicos. En Occidente, los califatos rivales se repartirán sus despojos. A comienzos del siglo X aparecen en Berbería los Fatimitas, que, sesenta años después, se establecerían en Egipto. Por la misma época, los Omeyas, que ya en el siglo VIII empezaron a restaurar en España el poder perdido en Siria, terminan por convertir a Córdoba en la nueva metrópoli del Islam. Y hasta que llega el siglo XII no logra Marruecos un califato berebere: el de los Almohades, que se extiende por España y todo el Norte de África.

    Estados menos poderosos y extensos se reparten la herencia de los cuatro califatos rivales. El mundo del Islam, ya dividido, se fragmenta cada vez más, al tiempo que, considerado en bloque, se siente cohibido y los grandes peligros que habían empezado a surgir en el período anterior, atacan su periferia. En España, avanza la reconquista cristiana, y Andalucía amenazada, llama en su ayuda al Magreb. En el Mediterráneo, Sicilia, hasta hace poco musulmana, pasa a ser normanda, y ni las costas de África se ven ya exentas de los desembarcos del infiel. En Palestina, si bien es cierto que los turcos han reconquistado penosamente Jerusalén, no logran sustraerse al temor de una posible vuelta de los cruzados cristianos. En cuanto al Irán, se verá azotado a través de los siglos XIII y XIV por las terribles invasiones mongólicas de Gengis Khan, Hulagu y Tamerlán.

    Los siglos contemporáneos a nuestra Edad Media asistieron al desmembramiento progresivo del Imperio fundado por Mahoma y sus primeros sucesores.

    Los correspondientes a los tiempos modernos subsiguientes serán testigos de la vuelta del mundo musulmán a una relativa unidad, así como también a una extensión de la hegemonía turca por la mayoría de sus territorios. Esta hegemonía, que irradia desde Constantinopla, ocupada en 1453, abarca, además de las regiones mediterráneas, una gran parte de Mesopotamia y el Irak, e incluso se abrió paso por Egipto, remontando el Nilo, y por el Asia Occidental, y a casi todos los países norteafricanos que anteriormente había conquistado el Islam. Sin embargo, la oleada otomana no pudo invadir Marruecos, que conservó una altiva independencia.

    En cuanto a España, donde a través de casi ocho centurias pugnaron los monarcas cristianos por arrojar de su suelo a los invasores musulmanes, se cierra el ciclo bélico cuando, en 1492, los Reyes Católicos conquistan el reino de Granada, con lo cual deja España de estar vinculada siquiera en mínima parte al mundo musulmán. En el otro extremo de este mundo, se mantiene una potencia que incluso extiende ampliamente su dominio espiritual : el Irán de los soberanos Safavidas, que transforman Ispahán en una ciudad imperial de gran esplendor. La India, en la que un descendiente de Tamerlán fundó en 1526 la dinastía de los mongolies, aparece como una provincia de la cultura iraniana.

    Aquí desarrollaremos el estudio del arte musulmán en España, y sus orígenes, que es lo que nos interesa especialmente.

    Desde este punto de vista exponemos el siguiente esquema del que entresacaremos los aspectos que nos preocupan en este estudio dada su referencia o vinculación con el arte musulmán en España ( Son los puntos a-1, b-3, c-3, y e-4 ).

 

            EL ARTE MUSULMÁN

   A/ EL ISLAM UNIFICADO.

a-1. Los Omeyas de Damasco. (Orígenes del Arte musulmán español ). *

a-2. Los Abasidas.

a-3. Egipto. El arte de los Tuluníes.

a-4. Túnez. El arte de los Aglabíes.

   B/ LOS CALIFATOS RIVALES.

b-1. El Irán. El arte de los Selúcidas.

b-2. Arte Fatimí. Egipto y la Berbería Oriental.

b-3. España y el Magreb. El arte de los Omeyas de Córdoba y de las dinastías Berberiscas. *

   C / LA HERENCIA DE LOS CALIFATOS.

c-1. El Irán.

c-2. Egipto. El arte de los Ayubíes y de los Mamelucos.

c-3. El Magreb y España. El arte Hispanomarroquí. (Arte Nazarí). *

   D / LOS TIEMPOS MODERNOS.

d-1. El Irán de los Savafidas.

d-2. La India de los Mongoles.

d-3. Los países Turcos.

d-4. El Marruecos de los Cherífes.

d-5. España. El arte Mudéjar. (Y el Arte Mozárabe). *(En una posible ampliación de este estudio).

   E / PERSONALIDAD Y PAPEL DE LAS ESCUELAS.

e-1. Irán.

e-2. Egipto.

e-3. El Magreb.

e-4. España Musulmana (Escuela Hispano marroquí). *

    *Nota: Como decimos estudiaremos solo los puntos del anterior esquema que guardan alguna o toda la relación con España, que son aquellos que aparecen con un “ * “ (a-1, b-3, c-3, y e-4).

 

         ELEMENTOS CONSTRUCTIVOS. IMÁGENES.

     APAREJOS                                                 

En Arquitectura son fundamentales los sistemas de cubrición - elementos sostenidos-por lo que los elementos sustentantes serán una consecuencia de aquellos. El aparejo de los muros puede ser, según esto, regular o irregular (mampostería). Elementos constructivos regulares son el ladrillo o el sillar. 

      DINTEL

Elemento sostenido horizontal de una sola pieza cuya flexión ha de ser mínima y sus empujes sobre los elementos sustentantes según vectores verticales. Su apariencia estática lo caracteriza.

      PILARES                   

Elementos sustentantes verticales de sección poligonal.

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      COLUMNA  TIPO

Elementos sustentantes verticales de sección curva. Inspirada en los árboles. Etimológicamente "stilo", define el estilo de un edificio. El entablamento, es todo aquello que se encuentra sobre las columnas, y en este se diferencian sus partes que son  el dintel, el friso, la cornisa, y el frontón.

              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     ARCO TIPO  

Elemento sostenido de forma habitualmente curva, el arco  se despieza en dovelas encajadas en cuña.

En las puertas y ventanas distinguimos partes como el umbral y el alféizar que, respectivamente, designan el espacio de suelo entre las jambas laterales. En el Islam, enmarcando el arco, en puertas y ventanas, se sitúa el alfiz.

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     ALFIZ Y TIPOS DE ARCOS

Como elemento decorativo, el alfiz islámico afectará- por la influencia mudéjar- al arte del siglo XV en España.

  

     ARTESONADO

Las cerchas o cuchillos, armadura triangular reiterada  cada cierto tramo cubriendo todo el techo, -en el Islam da lugar a la solución ornamental y de sustentación que constituye el artesonado- en el interior de los techos dintelados, de dos aguas o más, que en el arte clásico definen el frontón escultórico.

 

   

      BÓVEDA Y CÚPULA

El desplazamiento de un arco con un movimiento recto da lugar a una bóveda que toma el nombre del arco.

Cuando el arco es de medio punto se llama a la bóveda de cañón. La bóveda de arista se obtiene por la intersección ortogonal de dos de medio cañón.

El movimiento revolucionario de un arco alrededor de un eje vertical origina cúpulas.                                                             

 

 

 

 

 

 

 

                     

    

    

 

   

    

     CÚPULAS TURCAS

En el siglo XI Bagdad es ocupada por los turcos selyúcidas que se extendieron por Persia, Asia Menor y Egipto.

La Mezquita del Rey en Ispahan del siglo XI destaca por su magnifica cúpula bulbosa con mosaicos azules y verdes constituyendo todo un amplio repertorio epigráfico que se situa sobre la sala principal del santuario.

Otra cúpula turca la hallaremos en la tumba de Tamerlán en cuya capital, Samarcanda (hoy en Uzbekhistan), podemos disfrutar de la belleza de su vuelo sobre tambor cilíndrico, así como de la cerámica  estriada y vidriada verde y azul.                                                           

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Este sitio se actualizó por última vez el 16 de abril de 2005